El
impacto de la crisis en la infancia está siendo subestimado
Según
el último informe de UNICEF “Infancia en
España 2012-2013, “Impacto de la crisis en los niños”, el incremento de la
pobreza esta siento significativamente mayor en los hogares con niños que en el
conjunto de los hogares. La crisis se ceba en el colectivo de los menores
situando el porcentaje de pobreza de este colectivo en el 26,2% (dos puntos por
encima del resto de la población).
Las
decisiones políticas de reducción del gasto público que estamos sufriendo,
están afectando directamente a las ayudas
destinadas a las familias.
Más
de 500.000 familias han sido desahuciadas en nuestro país. En nuestra
Comunidad, se producen 8 desahucios diarios.
La gran reducción de los ingresos familiares, está provocando a su vez
un empobrecimiento en la calidad de la
alimentación.
El
25 por ciento de los niños españoles menores de 16 años sufre malnutrición,
según han explicado diversas entidades del tercer sector social, que atribuyen
este dato a la crisis económica, que hace que muchas familias no puedan comprar
carne, pescado y fruta para alimentar a los más pequeños.
La
crisis económica actual está causando dificultades en la asistencia sanitaria a
la población infantil y juvenil, que se ven agravadas por los recortes, no
basados en criterios profesionales ni científicos, que está aplicando el
Gobierno madrileño en las prestaciones sanitarias. Todo ello puede desembocar
en un empeoramiento significativo del estado de salud de los niños madrileños.
Algunas
consecuencias de este dramático empobrecimiento en los menores se plasman en:
Aumento
de patología psicosocial como consecuencia de las dificultades económicas y
laborales en las familias.
Dificultad
para adquirir medicamentos, principalmente para enfermedades crónicas.
Dificultad
para adquirir alimentos adecuados para la edad infantil, fundamentales en este
periodo de crecimiento.
Falta
de asistencia a revisiones y citas programadas derivada de la situación de
precariedad laboral de los padres.
Bajas
en seguros médicos privados y trasvase de pacientes a la sanidad pública, con
la consiguiente sobrecarga en las consultas y deterioro en la atención médica
como consecuencia de la mayor presión asistencial.
Inequidad
y desigualdad en el acceso a una atención pediátrica de calidad y a
tratamientos adecuados.
Los
indiscriminados recortes en materia sanitaria están provocando a su vez en las
áreas y los profesionales de la sanidad pediátrica:
Retirada
de la financiación de productos sanitarios necesarios para la prevención o el
correcto control y tratamiento de determinadas enfermedades (algunos
dispositivos para la administración de medicamentos para el asma, vacuna
conjugada antineumocócica…)
Sobrecarga
asistencial motivada por cupos excesivos, falta de suplentes y aumento de niños
provenientes de la sanidad privada.
La
sobrecarga asistencial dificulta la prestación de una asistencia de calidad y
la adecuada programación de las actividades preventivas.
Gran
desmotivación de los profesionales por la continua falta de consideración a su
trabajo, agresión a sus condiciones laborales y pérdida significativa y
progresiva de sus retribuciones en mayor medida que otros trabajadores
públicos.
La
reducción de las becas escolares de comedor o las destinadas a la compra de
libros de texto, unido a la crisis ya existente en los hogares, padres que se
quedan sin trabajo y sin ingresos, viene sin duda a agravar la situación. El
rendimiento escolar, y con ello, el fracaso escolar se verá sin duda
incrementado por los recortes educativos (más alumnos por aula, menor número de
profesores y material de apoyo, etc.)
Hay
más niños pobres, casi 205.000 niños más en riesgo de pobreza en dos años
(2008-2010). Además de ser más, son más pobres. Al haber bajado los ingresos
medios de los hogares en España, se ha reducido el umbral de ingresos que se
considera para medir el riesgo de pobreza. Por ejemplo, para una familia de 2
adultos con dos niños este umbral ha pasado de 16.684 euros en 2009 a 15.820 en
2011.
La
intensidad de la pobreza (en qué medida se está por debajo del mencionado
umbral) también es muy alta y creciente entre la población infantil y
adolescente en España.
El
porcentaje de menores de 18 años que viven en hogares con un nivel de ingresos
por debajo del 40% de la mediana (pobreza alta) fue en España del 13,7% en 2010
y ha crecido más de 4 puntos porcentuales desde 2008. Es la cifra más alta de
todos los países de la Unión Europea de los 15, y sólo por debajo de Rumanía y
Bulgaria en la Europa de los 27.
La
pobreza infantil, estabilizada durante años en torno a la ya elevada cifra del
24% de la población menor de edad, se incrementó de 2009 a 2010 del 23,7% al
26,2%, un incremento y un porcentaje nunca alcanzados para esta franja de edad
desde que se comenzó a usar la Encuesta de Condiciones de Vida.
En
relación con lo anterior, es muy significativo el dato de que en los dos
últimos años (2010 y 2011) los niños son ya el grupo de edad que es más pobre
en comparación con el resto (adultos en edad de trabajar y mayores de 65 años),
independientemente del indicador que se utilice.
También
Cáritas, en un informe reciente sobre su respuesta a las solicitudes recibidas
en su red de atención, incluye entre los principales perfiles de los
solicitantes a las familias jóvenes encabezadas por cónyuges entre 20 y 40 años
y con uno o dos niños pequeños, y a las mujeres solas con cargas familiares.
Los
niños, en especial los que están en edades más tempranas, son enormemente
sensibles a las situaciones de falta de atención, de recursos o a la mala
calidad de los servicios. Una mala nutrición o atención médica en esa etapa
vital, o la falta de estímulos educativos pueden tener consecuencias
irreversibles que condicionarán la salud, las capacidades, el desarrollo, e
incluso el comportamiento de ese niño.
Pero
los costes de no actuar ahora no son sólo para los niños y sus familias, sino
que nos comprometen a todos si queremos mantener unos mínimos niveles de
bienestar social y material, de calidad educativa, de pensiones, de remplazo
demográfico o de capacidad económica y productiva.
Desde
UGT Madrid queremos denunciar la insensibilidad
y falta de voluntad política por parte del Ejecutivo de dar solución a esta
alarmante situación. En las últimas décadas las políticas de infancia han
permanecido en demasiadas ocasiones al margen de la agenda política o han sido
víctimas de la falta de consenso.
Desde
UGT-Madrid defendemos que:
Es
justo y ético, los niños no son responsables de la crisis y tienen menos
capacidad de hacer oír su voz y defender sus derechos.
Los
impactos de la crisis en los niños permanecen muchas veces ocultos, pero las
consecuencias en ellos son y serán patentes tanto en lo individual como en lo
colectivo.
Es
urgente e importante a la vez: el impacto en los niños y cómo lo sufren no es
igual que en los adultos; impactos de corto plazo pueden tener consecuencias a
largo plazo e incluso consecuencias intergeneracionales.
La
apuesta por la infancia es estratégica y transformadora como muy pocas otras
intervenciones públicas.
Los
beneficios de proteger a la infancia no son sólo para los niños, lo son para
todos, porque son ellos los que hacen y harán sostenible el desarrollo
cultural, económico y social.
La
apuesta decidida por la infancia es una oportunidad nueva para nuevos tiempos,
un desafío nunca acabado de abordar en la sociedad española.
