miércoles, 21 de noviembre de 2012

Día Internacional de la Infancia 2013‏


El impacto de la crisis en la infancia está siendo subestimado

Según el  último informe de UNICEF “Infancia en España 2012-2013, “Impacto de la crisis en los niños”, el incremento de la pobreza esta siento significativamente mayor en los hogares con niños que en el conjunto de los hogares. La crisis se ceba en el colectivo de los menores situando el porcentaje de pobreza de este colectivo en el 26,2% (dos puntos por encima del resto de la población).

Las decisiones políticas de reducción del gasto público que estamos sufriendo, están afectando directamente a las ayudas  destinadas a las familias.

Más de 500.000 familias han sido desahuciadas en nuestro país. En nuestra Comunidad, se producen 8 desahucios diarios.  La gran reducción de los ingresos familiares, está provocando a su vez un empobrecimiento en la calidad de  la alimentación.

El 25 por ciento de los niños españoles menores de 16 años sufre malnutrición, según han explicado diversas entidades del tercer sector social, que atribuyen este dato a la crisis económica, que hace que muchas familias no puedan comprar carne, pescado y fruta para alimentar a los más pequeños.

La crisis económica actual está causando dificultades en la asistencia sanitaria a la población infantil y juvenil, que se ven agravadas por los recortes, no basados en criterios profesionales ni científicos, que está aplicando el Gobierno madrileño en las prestaciones sanitarias. Todo ello puede desembocar en un empeoramiento significativo del estado de salud de los niños madrileños.

Algunas consecuencias de este dramático empobrecimiento en los menores se plasman en:
Aumento de patología psicosocial como consecuencia de las dificultades económicas y laborales en las familias.

Dificultad para adquirir medicamentos, principalmente para enfermedades crónicas.

Dificultad para adquirir alimentos adecuados para la edad infantil, fundamentales en este periodo de crecimiento.

Falta de asistencia a revisiones y citas programadas derivada de la situación de precariedad laboral de los padres.

Bajas en seguros médicos privados y trasvase de pacientes a la sanidad pública, con la consiguiente sobrecarga en las consultas y deterioro en la atención médica como consecuencia de la mayor presión asistencial.

Inequidad y desigualdad en el acceso a una atención pediátrica de calidad y a tratamientos adecuados.

Los indiscriminados recortes en materia sanitaria están provocando a su vez en las áreas y los profesionales de la sanidad pediátrica:

Retirada de la financiación de productos sanitarios necesarios para la prevención o el correcto control y tratamiento de determinadas enfermedades (algunos dispositivos para la administración de medicamentos para el asma, vacuna conjugada antineumocócica…)

Sobrecarga asistencial motivada por cupos excesivos, falta de suplentes y aumento de niños provenientes de la sanidad privada.

La sobrecarga asistencial dificulta la prestación de una asistencia de calidad y la adecuada programación de las actividades preventivas.

Gran desmotivación de los profesionales por la continua falta de consideración a su trabajo, agresión a sus condiciones laborales y pérdida significativa y progresiva de sus retribuciones en mayor medida que otros trabajadores públicos.

La reducción de las becas escolares de comedor o las destinadas a la compra de libros de texto, unido a la crisis ya existente en los hogares, padres que se quedan sin trabajo y sin ingresos, viene sin duda a agravar la situación. El rendimiento escolar, y con ello, el fracaso escolar se verá sin duda incrementado por los recortes educativos (más alumnos por aula, menor número de profesores y material de apoyo, etc.)


Hay más niños pobres, casi 205.000 niños más en riesgo de pobreza en dos años (2008-2010). Además de ser más, son más pobres. Al haber bajado los ingresos medios de los hogares en España, se ha reducido el umbral de ingresos que se considera para medir el riesgo de pobreza. Por ejemplo, para una familia de 2 adultos con dos niños este umbral ha pasado de 16.684 euros en 2009 a 15.820 en 2011.

La intensidad de la pobreza (en qué medida se está por debajo del mencionado umbral) también es muy alta y creciente entre la población infantil y adolescente en España.

El porcentaje de menores de 18 años que viven en hogares con un nivel de ingresos por debajo del 40% de la mediana (pobreza alta) fue en España del 13,7% en 2010 y ha crecido más de 4 puntos porcentuales desde 2008. Es la cifra más alta de todos los países de la Unión Europea de los 15, y sólo por debajo de Rumanía y Bulgaria en la Europa de los 27.

La pobreza infantil, estabilizada durante años en torno a la ya elevada cifra del 24% de la población menor de edad, se incrementó de 2009 a 2010 del 23,7% al 26,2%, un incremento y un porcentaje nunca alcanzados para esta franja de edad desde que se comenzó a usar la Encuesta de Condiciones de Vida.

En relación con lo anterior, es muy significativo el dato de que en los dos últimos años (2010 y 2011) los niños son ya el grupo de edad que es más pobre en comparación con el resto (adultos en edad de trabajar y mayores de 65 años), independientemente del indicador que se utilice.

También Cáritas, en un informe reciente sobre su respuesta a las solicitudes recibidas en su red de atención, incluye entre los principales perfiles de los solicitantes a las familias jóvenes encabezadas por cónyuges entre 20 y 40 años y con uno o dos niños pequeños, y a las mujeres solas con cargas familiares.

Los niños, en especial los que están en edades más tempranas, son enormemente sensibles a las situaciones de falta de atención, de recursos o a la mala calidad de los servicios. Una mala nutrición o atención médica en esa etapa vital, o la falta de estímulos educativos pueden tener consecuencias irreversibles que condicionarán la salud, las capacidades, el desarrollo, e incluso el comportamiento de ese niño.

Pero los costes de no actuar ahora no son sólo para los niños y sus familias, sino que nos comprometen a todos si queremos mantener unos mínimos niveles de bienestar social y material, de calidad educativa, de pensiones, de remplazo demográfico o de capacidad económica y productiva.

Desde UGT Madrid queremos denunciar la insensibilidad y falta de voluntad política por parte del Ejecutivo de dar solución a esta alarmante situación. En las últimas décadas las políticas de infancia han permanecido en demasiadas ocasiones al margen de la agenda política o han sido víctimas de la falta de consenso.

Desde UGT-Madrid defendemos que:

Es justo y ético, los niños no son responsables de la crisis y tienen menos capacidad de hacer oír su voz y defender sus derechos.
Los impactos de la crisis en los niños permanecen muchas veces ocultos, pero las consecuencias en ellos son y serán patentes tanto en lo individual como en lo colectivo.

Es urgente e importante a la vez: el impacto en los niños y cómo lo sufren no es igual que en los adultos; impactos de corto plazo pueden tener consecuencias a largo plazo e incluso consecuencias intergeneracionales.

La apuesta por la infancia es estratégica y transformadora como muy pocas otras intervenciones públicas.


Los beneficios de proteger a la infancia no son sólo para los niños, lo son para todos, porque son ellos los que hacen y harán sostenible el desarrollo cultural, económico y social.

La apuesta decidida por la infancia es una oportunidad nueva para nuevos tiempos, un desafío nunca acabado de abordar en la sociedad española.